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Presentación del Mensaje del Santo Padre para la 46ª Jornada Mundial de la Comunicación Social

 

En el Congreso Nacional de Comunicadores Católicos,

Cochabamba, Bolivia 29 de marzo 2012, (9:15 a.m.)

Excelentísimos Señores Obispos que acompañan este Congreso Nacional de Comunicadores, queridos comunicadores católicos de Bolivia:

 

Aún tengo el grato recuerdo de haber compartido momentos especiales con algunos de ustedes durante una de las sesiones que se realizaron durante el curso de formación a distancia en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma.

 

En esta oportunidad que tengo de dirigirme a cada uno de ustedes deseo presentarles el tema que nuestro amado Papa Benedicto XVI ha querido regalarnos para celebrar la 46ª Jornada Mundial de la Comunicación Social: “Silencio y Palabra. Camino de Evangelización”.

 

Lo hacemos dentro del marco de su congreso nacional, pero también dentro de la dinámica de la Iglesia Universal que el próximo mes de octubre iniciará un año de la Fe convocado por el Papa con ocasión del 50 aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II, y también recordando los 20 años de la publicación del Catecismo de la Iglesia Católica, promulgado por el Beato Juan Pablo II. El Papa ha invitado expresamente a todos los comunicadores a reproponer con nuevas maneras y lenguajes el contenido, las reflexiones y el mensaje  - precisamente – del Concilio Vaticano II y del Catecismo de la Iglesia.

 

Como ustedes sabrán, también el próximo mes de octubre se realizará aquí en la Santa Sede una nueva Asamblea General del Sínodo de los Obispos sobre el tema La nueva evangelización para la transmisión de la fe cristiana, donde participarán los episcopados de todo el mundo.

 

Hago mención de estos dos eventos importantes para recalcar que el espacio de formación y reflexión que ustedes abren en este congreso de comunicadores católicos se encuentra en sintonía con una Iglesia que constantemente reflexiona sobre cómo cumplir de manera más fiel y auténtica su misión evangelizadora.

 

Con este pequeño preámbulo, pues, deseo presentarles el mensaje del Papa “Silencio y Palabra. Camino de Evangelización”. 

 

 

1.

Cada año en su mensaje para la Jornada Mundial de la Comunicación Social el Papa analiza la cultura de la comunicación para ofrecer algunas sugerencias a la mujer y al hombre de hoy; y para orientar la acción pastoral de la Iglesia. En los últimos años el Papa estuvo muy atento a los procesos y a las dinámicas de la comunicación, especialmente al contexto de transformación cultural provocado por el desarrollo tecnológico. En el mensaje de este año, el Santo Padre focaliza su atención hacia un elemento “clásico” de la comunicación: “el silencio”; quizás mejor decir sobre el binomio: silencio - palabra. Este aspecto, si bien clásico, toma cada vez más importancia dentro del contexto de la cultura digital.

 

El silencio no es ausencia de comunicación, el silencio hace parte del flujo de mensajes e información que caracteriza la nueva cultura de la comunicación “Existe un silencio que es un elemento primordial sobre el cual la palabra se desliza y  mueve,  como el cisne sobre el agua. Para escuchar la palabra y beneficiarse de ella, conviene crear anticipadamente  en nosotros mismo este lago inmóvil …La palabra surge del silencio, y retorna al silencio”. (Jean Guitton, La Solitude et le silence).

 

En este mensaje encontramos una profunda reflexión humana sobre la importancia del silencio en el corazón de la comunicación. El silencio habla – nuestro silencio puede expresar cercanía, solidaridad y el cuidado de los demás. El silencio es una manera importante para expresar nuestro respeto y nuestro amor por los demás. En el silencio escuchamos al otro, damos prioridad a la palabra del otro. El silencio es una actitud activa. Es nuestro silencio que permite y da espacio para que el otro hable. “puede hablar significativamente sólo aquel que es capaz de callar, sino es charlatanería; solo puede callar significativamente aquel que puede hablar; porque sino es un mudo. El hombre vive en estos dos misterios; su unidad expresa su esencia”. (Romano Guardini, Virtú. Temi e prospecttive della vita mortale). El silencio fortalece la relación, el vínculo entre dos personas. En el silencio logro entender quién es el otro y precisamente en esta situación me encuentro conmigo mismo. El silencio me permite estar atento al contenido de la comunicación. El silencio nos sirve para reflexionar, para pensar, evaluar, juzgar la comunicación. Es el silencio que nos ayuda a mirar… en el fondo es en el silencio que logro dar un significado adecuado a la comunicación y no estar cubierto por el volumen de la misma comunicación.

 

El silencio es cada vez más importante en el contexto de aquel flujo de preguntas que en un cierto sentido son el motor de la cultura moderna de la comunicación. El silencio nos permite escuchar  bien la preguntas para discernir aquello que el otro está intentando comunicar. En nuestra cultura existe el riesgo de no escuchar la pregunta del otro y de buscar la imposición de las respuestas prefabricadas. Es en el silencio que puede florecer aquel diálogo entre aquel que hace una pregunta y aquel que intenta responder. Entonces hay diálogo, interactividad y  existe una búsqueda sincera de la verdad.

 

El Santo Padre sugiere que en el corazón de este flujo de preguntas hay una pregunta fundamental que es la búsqueda de la Verdad y de aquí nace nuevamente la importancia del silencio como el lugar privilegiado donde la persona humana se encuentra frente a sí misma y delante de Dios. El Papa menciona cómo silencio y soledad han sido fundamentales en todas las grandes religiones como lugares de encuentro con el misterio.

 

2.

De aquí el Papa desarrolla la importancia del silencio en la misión comunicativa de la Iglesia y de los cristianos. Nos ofrece una meditación/reflexión fuerte sobre el silencio comunicativo de Dios. “el Dios de la revelación bíblica – dice el Papa – habla también sin palabras” y citando la Exhort. ap. Verbum Domini, recuerda que “como muestra la cruz de Cristo, Dios habla también a través del silencio”. Inclusive “en el silencio de la Cruz habla la elocuencia del amor de Dios vivido hasta el don supremo”.

 

En este sentido parece evidente que “el hombre descubre en el silencio la posibilidad de hablar con Dios y de Dios” y refiriéndose a cuanto decía en la Homilía de la Celebración Eucarística con la Comisión Teológica Internacional (2006) afirma: “Necesitamos de aquel silencio que se hace contemplación, que nos hace entrar en el silencio de Dios y así llegar al punto donde nace la Palabra, la Palabra redentora”.

 

Sin embargo, esta contemplación silenciosa no es estática sino que permite al hombre apropiarse de las dinámicas antropocéntricas propias del amor divino: “La contemplación silenciosa nos hace sumergir en la fuente del Amor, que nos conduce hacia nuestro prójimo, para sentir su dolor y ofrecer la luz de Cristo”. Como es característico del Papa Benedicto XVI, con pocas palabras iluminadoras nos ayuda a descubrir las misteriosas  dimensiones de la relación entre contemplación y apostolado (tan querido por la Doctora de la Iglesia Teresa di Lisieux).  Más adelante dirá: “Es de este Misterio de donde nace la misión de la Iglesia, y es este Misterio el que impulsa a los cristianos a ser mensajeros de esperanza y de salvación, testigos de aquel amor que promueve la dignidad del hombre y que construye la justicia y la paz.”

 

 

La última pincelada de este Mensaje está dedicado a la educación a la comunicación: es decir “aprender a escuchar, a contemplar, además de hablar”; recordando especialmente a los evangelizadores que “silencio y palabra son elementos esenciales e integrantes de la acción comunicativa de la Iglesia, para un renovado anuncio de Cristo en el mundo contemporáneo”.

 

“Las creaturas hablan con sus sonidos. La palabra de Dios es silencio. La palabra secreta de amor de Dios no puede ser más que silencio. Cristo es silencio de Dios. No existe árbol igual que la Cruz, no hay armonía igual al silencio de Dios. (…) Cuando el silencio de Dios penetra en nuestra alma, se abre un sendero hasta alcanzar el silencio que está presente secretamente en nosotros. Entonces tenemos en Dios nuestro tesoro y nuestro corazón, y el espacio se abre en nuestro delante como fruto que se abre en dos, porque vemos el universo desde un punto que está situado fuera del espacio. Para esta operación no hay más que dos lanzas lo suficientemente afiladas para penetrar en nuestra alma: la adversidad y la belleza”. (Simone Weil, Attesa di Dio)

 

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Publicado en Discorsi

Mensaje de S.E.R. Mons. Claudio María Celli a los comunicadores de América Latina y el Caribe en ocasión de la celebración de Ntra. Sra. de Guadalupe

Estimados amigos y amigas comunicadores: 

Con la alegría de celebrar a Nuestra Señora la Virgen de Guadalupe, patrona de los pueblos latinoamericanos y del Caribe, me dirijo de nuevo a todos ustedes con un saludo fraternal que lleva consigo el gozo del trabajo y servicio a la comunicación, realizado durante este año que pronto concluirá. 

A lo largo de 2011 tuve la oportunidad de visitar varios países de América Latina y pude encontrar a muchos de ustedes en el Congreso sobre Iglesia y Cultura Digital que celebramos en Santiago, Chile. Ha sido una alegría constatar el entusiasmo y la entrega con que realizan su servicio a la Iglesia en el campo comunicativo, siendo agentes de comunión dentro de ella y de un diálogo fecundo con la sociedad de cada lugar. 

Es cierto que en muchos contextos no se cuenta con suficientes recursos humanos o materiales y que aún tenemos que aprender a hacer sostenibles nuestras iniciativas. Pero hemos verificado una y otra vez que la auténtica eficacia de la comunicación no depende tanto de la abundancia de recursos o de la tecnología, cuanto de la autenticidad con que se vive lo proclamado, de la calidad profesional y de la voluntad de estrechar vínculos fraternos en esta gran familia llamada Iglesia Católica, que está llamada a ser levadura de bien y de justicia en el mundo de hoy. 

Así nos lo enseñó la Virgen de Guadalupe, que con su presencia es ya mensajera y portadora de la Palabra hecha carne que se entregó a la humanidad para redimirla, dando un nuevo sentido a nuestra existencia. Ella misma es maestra y referencia en el servicio de comunicar el misterio del amor de Dios. Por eso el beato Juan Pablo II la llamó "Estrella de la nueva evangelización". 

En medio de grandes cambios culturales, el Papa Benedicto XVI nos invita a un renovado anuncio del Evangelio a través de dos eventos importantes. Del 7 al 28 de octubre de 2012 se celebrará en el Vaticano el Sínodo sobre "La nueva evangelización para la transmisión de la fe cristiana". Sin duda este Sínodo impulsará un intenso testimonio de las comunidades en todo el mundo. Y para celebrar los 50 años del Concilio Vaticano II, el Santo Padre ha anunciado que a partir del día 12 octubre del mismo año la Iglesia celebrará un "Año de la fe" para recordar la belleza y la centralidad de ese don de Dios, reforzarlo y profundizarlo a nivel personal y comunitario. Dice el Santo Padre que hemos de "hacerlo en perspectiva no tanto celebrativa, sino más bien misionera, en la óptica, justamente, de la misión ad gentes y de la nueva evangelización". Este llamado evoca y está en sintonía con el que hicieron los obispos de América Latina reunidos en Aparecida. 

¡Cuánto bien pueden y deben hacer nuestros medios de comunicación para informar a la sociedad debidamente, y también para preparar al Pueblo de Dios a estos eventos eclesiales! Deseo invitarlos a ser facilitadores, ante la sociedad y la Iglesia, de una información completa, adecuada a cada sector social, que haga llegar el mensaje y lo haga comprensible a todos los públicos, más cercanos o más alejados. Esa es la tarea de los buenos comunicadores allá donde se encuentren.

El Santo Padre celebrará hoy una Eucaristía en honor de nuestra madre la Virgen María de Guadalupe. Unámonos a él y a toda la Iglesia pidiendo la maternal y amorosa intercesión de la Morenita del Tepeyac, para que aliente nuestro compromiso cristiano de ser signos vivos y luminosos de Cristo Jesús en medio de un mundo que cambia.

Mons. Celli junto a la Presidencia del CELAM

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