Iglesia y Comunicación

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Cochabamba.-Los Obispos de Bolivia abordan el tema de la Comunicación en su nonagésima tercera asamblea de la Conferencia Episcopal que se celebra estos días en la ciudad de Cochabamba.

“La comunicación en la misión evangelizadora de la Iglesia”; bajo este tema el episcopadoo boliviano profundizará la vocación y comunión de la comunicación católica al servicio del proceso evangelizador y el caminar pastoral de la Iglesia en Bolivia que se encuentra frente a los importantes desafíos pastorales, socialies yculturales.

En dos jornadas previstas para la reflexión de este tema, los Obispos abordaran la realidad comunicacional de Bolivia, la región y el mundo.

Para ello el Magister José Luis Aguirre, Director del SECRAD de la Universidad Católica Boliviana presentará una realidad general de la comunicación, la libertad de expresión y la nueva ley de medios que el Estado de Bolivia ha aprobado el pasado año, que actualmente prepara su reglamentación en la asamblea legislativa del país andino.

Durante la asamblea epsicopal se están teniendo video-conferencia desde Argentina, Chile, México en las personas de Daniel Cabaña, Carlos Correa y Pbro. Antonio Gutiérrez respectivamente que presentarán temas de actualidad respecto a la realidad y situación comunicacional eclesial. Algunos de los temas serán: Gestión de controversias en la comunicación eclesial, desafíos comunicacionales y pastorales de la nueva cultura digital y la presentación de la plataforma “Episcopo net”.

También en contacto virtual con la ciudad de La Paz, el Secretario Ejecutivo de la Red ERBOL, Andrés Gómez, dialogará con los Obispos sobre de la situación de las licencias para las radios, (en el marco de la nueva ley de medios y su reglamentación), tema de gran importancia e interés para ua que la Iglesia boliviana cuenta con una cantidad importante de radioemisoras comunitarias.

Otra novedad que inicia su proceso en esta asamblea es la presentación de las líneas base para el nuevo directorio de comunicación. El último directorio de orientaciones pastorales en comunicación fue publicado en 1998. Sin duda los Obispos ven oportuno iniciar un proceso de reflexión actualizado sobre la nueva realidad comunicacional que en la última década ha revolucionado la forma de comunicar.

Los resultados de estas reflexiones serán señaladas al concluir esta XCIII Asamblea en el “Mensajeal Pueblo de Dios”, este próximo martes 24 de abril.

por Carmen Bocángel

Publicado en Attualitá

MUTIRÃO DE COMUNICAÇÃO RIO DE JANEIRO

Lunes 18 de Julio 2011

PANEL I. Concepción, filosofía, estructuras y modalidades de comunicación en la Iglesia

Dom Claudio María Celli

 

El tema señalado, de gran complejidad, exige ser completado al menos entre los tres panelistas, que hemos recibido una tarea no fácil. 

En el Seminario de Comunicación para Obispos, finalizado el día 16, tuvimos ocasión de profundizar de manera muy amplia en las características y desafíos que nuestra cultura mediática plantea a la labor misionera de la Iglesia. Ante la gran complejidad del panorama, en el que se entrelazan aspectos tecnológicos, educativos, culturales, económicos, etc., me propongo ahora volver a lo fundamental y buscar en ello la brújula que nos oriente de manera segura en el camino a seguir. 

Las palabras que dan nombre a este Panel van desde lo más general hasta lo más específico de la tarea comunicativa de la Iglesia: concepción, filosofía, estructuras y modalidades. Tomo ahora dos versículos citados explícitamente por el Documento de Santo Domingo en continuidad con el de Puebla, y que son clave de lectura en el Documento de Aparecida. 

Se refieren a la concepción y filosofía que están en el origen de nuestra misión: “Lo que hemos visto y oído se lo anunciamos también a ustedes para que estén en comunión con nosotros, pues nosotros estamos en comunión con el Padre y con su Hijo, Jesucristo. Les escribimos esto para que nuestra alegría sea completa.(1Jn 1, 3-4). 

Vemos aquí que el elemento “comunión” es esencial e intrínseco a la tarea del anuncio. Se comunica “lo que se ha visto y oído”. Hablamos de algo que hemos recibido de la tradición apostólica y que hemos experimentado personalmente: la presencia viva del Señor. No es una teoría ni un código ético. Es Dios vivo aquí y es hoy. Y lo anunciamos para que las personas estén en comunión”, pues nosotros lo estamos con el Padre y su Hijo Jesucristo”. No se trata sólo de informar, ofrecer datos o incluso de recitar el credo. Se trata de que las personas se abran libremente a esta nueva forma de vida que es la comunión con Dios mismo en Cristo. Lo cual tiene una inmediata consecuencia: la alegría de todos: quienes se expresan y quienes escuchan. Una alegría, claro está, que no es “como la da el mundo” (cf. Jn 14, 27). Es una alegría honda, duradera, que pervive aun en medio de las dificultades y hasta de la persecución. 

Esto, queridos hermanos, es un foco de luz sobre todo el quehacer comunicativo de la Iglesia, en todas sus formas y expresiones. Y requiere de nosotros un constante examen de conciencia: ¿cómo comunicamos y para qué? Si comunicamos para lograr prestigio, para quedar bien, incluso con el buen deseo de “ganar adeptos”, no estamos comunicando según Dios. Menos aún si dejamos en mala luz a otras personas o instituciones, si desconocemos la dignidad de los demás, si mentimos. Se puede decir siempre la verdad, incluso verdades incómodas cuando la denuncia profética lo exija, sin por ello faltar a la caridad y al respeto del otro, sea quien sea. Y el termómetro de todo esto es: ¿nuestra comunicación suscita unidad y auténtica alegría? 

Este criterio vale tanto para los ministros ordenados como para todo fiel cristiano. La información religiosa, la comunicación instantánea en los blogs, los comentarios a las noticias, el reclamo incluso justo de una sociedad más igualitaria, no pueden ser llamados cristianos si denigran al otro, si hacen recurso a la violencia o caen en la dinámica del dominio-sumisión. 

Así pues, todos hemos de estar en una permanente actitud de conversión para comunicar de manera franca, abierta y a la vez respetuosa, oportuna. ¡Es necesario formarnos y formar también a las nuevas generaciones! Los niños y jóvenes manejan muy bien la tecnología, pero no suelen tener conciencia de que en el centro de su comunicación está la persona, cada persona, ellos y ellas concretamente, irrepetibles y dignos del máximo respeto, como pide el Santo Padre Benedicto XVI, (Mensaje para la 43ª. Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales), para que de allí surja una amistad auténtica. 

Teniendo bien claro el objetivo y el estilo de nuestra comunicación, las estructuras y modalidades serán más fácilmente encontradas. En un momento de “cultura líquida” (cf. Zygmund Bauman), nuestras estructuras deben contar con personas capaces de trabajar en equipo, bien capacitadas en los diversos formatos y áreas de la comunicación. Entre ellas son muy necesarios los especialistas que, conociendo y amando a la Iglesia, ejerzan un constante discernimiento tecnológico que evite a la Iglesia el ir “a remolque” de la última novedad, y ayuden a seleccionar aquello que realmente sirve a la misión. Este último perfil es el que la RIIAL ha aportado al conjunto del continente. 

Como bien sabemos, en el centro de la comunicación la Iglesia ve siempre a las personas. No prioriza ni se “encanta” con las tecnologías, ni con la sofisticación del software, ni con la tiranía de los “me gusta” (Facebook), ni corre tras posibles mundos virtuales desconectados de la vida cotidiana. Nos interesa cada ser humano, cada comunidad viva y auténtica; personas y comunidades que también se encuentran en el espacio digital y a través de él viven formas variadas de compartir y crecer juntas, humanamente y en la fe. Las estructuras eclesiales de comunicación deberán crearse en función de los servicios realmente necesarios y de los destinatarios o interlocutores de los mismos. 

Por ejemplo en el plano comunicativo hay que distinguir, por su contenido y sus objetivos, entre información eclesial e institucional (datos, hechos, crónica sobre la vida de personas e instituciones eclesiales); análisis de la realidad (para favorecer, con mirada cristiana, la madurez de la opinión pública); evangelización (primer anuncio y cultivo de una fe incipiente); catequesis (profundización en una fe que ya se posee); pastoral (acompañamiento y animación de la fe en las diversas áreas de la vida); liturgia (comunicación profunda en Cristo, en la comunidad de quienes han aceptado vivir la fe en comunión con la Iglesia). También está ese primer acercamiento a quienes viven ajenos a la experiencia de fe pero sienten esa nostalgia de absoluto. Esta misión ‘ad gentes’ en el mundo post-cristiano que inicia sobre todo por la escucha y el servicio, y toca los temas más básicos de la experiencia humana. Recorre también una vía privilegiada que es el arte y de la ciencia. Me refiero al “atrio de los gentiles”, llamado así por el Papa Benedicto XVI y que aún está dando sus primeros pasos como experiencia práctica. 

Todas ellas son formas de comunicación , pero no pueden confundirse entre sí ni deben usar el mismo lenguaje, pues el objetivo en cada caso es distinto. Comunicativamente hablando, solemos intercambiar unas modalidades con otras, y por lo tanto unas estructuras con otras. El elemento unificador habría de ser una visión comunicativa bien pensada, con prioridades para la situación y cultura concretas, con políticas informativas claras y oportunas. 

Decir que “toda la misión de la Iglesia es comunicación”, no significa que todo deba ser transmitido por los medios de comunicación o la tecnología. Decimos que la misión es comunicación porque supone el encuentro entre personas, la escucha, el diálogo, el servicio por Cristo, con él y en él. 

En la sociedad digital, literalmente sumergida en una gran cantidad de mensajes contrapuestos, la Iglesia debe ser capaz no sólo de ofrecer su presencia y mensaje, sino también de crear espacios de silencio, de reflexión y de análisis que ayuden a encontrar sentido, significado, luz para la vida diaria, para la acción justa y solidaria, para encontrar y vivir el auténtico amor, para alcanzar conocimiento y sabiduría a partir de la información. 

Felicito de corazón a la Iglesia en Brasil por su creatividad y riqueza. Cuenta ya con una gran cantidad medios propios, de gran talla y calidad, que muchas Iglesias desearían tener. Y me atrevo a invitarles a dar un paso más, que significará un esfuerzo de traducción en muchos casos, para que ofrezcan esta riqueza al resto de América Latina y a la Iglesia en su totalidad.

Publicado en Discorsi




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